Del «Golfo de América» a los memes con IA: la peligrosa estrategia de Trump para reescribir el mapa
En el mundo de la publicidad y la comunicación existe una máxima irrefutable que nos ayuda a entender los fenómenos de masas: si las corporaciones más gigantescas del planeta —esas que venden las hamburguesas o las gaseosas que todos conocemos— siguen repartiendo volantes de papel en la calle en pleno siglo XXI, es porque el volante todavía funciona. Si no tuviera impacto, no gastarían un solo centavo en imprimirlo.
Esta misma lógica aplica a la perfección para descifrar la última y monumental provocación del presidente de los Estados Unidos. Hace unos días, Donald Trump publicó en su cuenta personal de Truth Social un mensaje que hizo saltar por los aires los sismógrafos de la diplomacia internacional: declaró abiertamente al Estrecho de Ormuz como un «nuevo territorio de los Estados Unidos».
La llave de la economía mundial
Para dimensionar la gravedad absoluta de este posteo, hay que entender qué es exactamente el Estrecho de Ormuz. No es un pedazo de mar cualquiera. Es el cuello de botella geopolítico más crítico y peligroso del planeta. Por ese paso marítimo, de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto, transitan diariamente unos 21 millones de barriles de petróleo. Eso representa cerca del 20% del consumo mundial de líquidos derivados del crudo y casi una cuarta parte del comercio global de gas natural licuado (GNL). En resumen: quien controla Ormuz, tiene la llave de la economía mundial.
Reclamar semejante punto estratégico a través de una red social parece el delirio de un trasnochado, pero subestimar a Donald Trump a esta altura de la historia es un error imperdonable. El mandatario ha inaugurado una etapa completamente inédita en la comunicación política. Si el líder del país más poderoso del mundo se expresa de esta manera, no es por torpeza; es porque sabe exactamente a qué público le está hablando, qué fibras del excepcionalismo norteamericano está tocando y cómo descolocar a sus adversarios.
La geografía reescrita en gigantografías
Esta reescritura de la realidad a través del marketing nacionalista no se queda solo en el terreno digital. Pude comprobarlo personalmente hace poco tiempo recorriendo los Cayos, en el sur de la Florida. Al transitar por las autopistas de cara al Golfo de México, la cartelería oficial había sido modificada con una fuerte inversión estatal. Los enormes letreros de vialidad ya no decían «Golfo de México»: lo habían rebautizado impunemente como el «Golfo de América» (entendiendo, por supuesto, a «América» como sinónimo exclusivo de Estados Unidos). Uno se saca la foto con el cartel pensando que es una humorada bizarra, pero en el fondo es asombroso: realmente creen que pueden alterar la geografía y moldear el mundo a fuerza de tuits y gigantografías de autopista.
La Casa Blanca memera
El método Trump de asombro constante ha colonizado incluso la institucionalidad más solemne del Estado. Si hoy uno revisa los perfiles oficiales de la Casa Blanca en plataformas como X (ex Twitter) o Instagram, se topa regularmente con imágenes generadas por Inteligencia Artificial. La línea histórica que dividía la sobriedad de la oficina más importante de Occidente con la generación de memes de internet ha sido borrada de un plumazo.
Llamar «estadounidense» al Estrecho de Ormuz en medio del polvorín que es Medio Oriente, o publicar fotos creadas por algoritmos en las redes de la presidencia, no es la rabieta de un líder improvisado. Es la ejecución táctica de un hombre que entendió, mucho mejor que sus detractores, que en la era de la sobreinformación el shock es la moneda de cambio más valiosa para mantener el control absoluto del relato.
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