El día que la ONU le dio la espalda a Netanyahu: ¿fue su último discurso?
Las imágenes son impactantes y no están hechas con inteligencia artificial, como suelen ser las ilustraciones de esta web. Son reales y dicen muchísimo más que cualquier discurso guionado. En la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se acercó al podio para hablarle al mundo y el mundo le respondió dándole la espalda.
Mientras la pequeña delegación de Israel intentaba aplaudir para tapar la situación, el recinto se fue vaciando, asiento tras asiento, país tras país, en un éxodo silencioso y contundente acompañado de abucheos. La respuesta de Netanyahu, fiel a su estilo desafiante, fue pedirle al presidente de la Asamblea que se fueran todos aquellos con «debilidad moral». Actitud de humilde, cero.
Una sala vacía después de treinta años
Pero lo que vimos en la ONU es el reflejo de un quiebre internacional y una fatiga acumulada frente a un conflicto que parece no tener fin. Netanyahu no es un actor nuevo en la política global. Ostenta el cargo (con algunas interrupciones) desde 1996, atravesando administraciones, crisis y décadas. Sin embargo, este último discurso, ante una sala semivacía, plantea una pregunta fundamental: ¿podría ser esta su última intervención en el escenario mundial como líder de Israel?
Fue la misma semana en la que Nueva York recibía a los líderes del mundo y en la que, a pocas horas de allí, Xi Jinping y Donald Trump negociaban cómo esquivar la «Trampa de Tucídides».
La supervivencia como argumento
El discurso en sí mismo estuvo cargado de la retórica confrontativa habitual. Netanyahu defendió ferozmente los recientes ataques contra las instalaciones nucleares de Irán —referencia a las tensiones de principios de este 2026 y la llamada guerra de los 12 días en 2025— con una frase que resume toda su doctrina:
«Si no lo hubiéramos hecho, todos estaríamos muertos».
— Benjamin Netanyahu, ante la Asamblea General de la ONU
Para su administración, las acciones militares en Gaza, Cisjordania y Líbano son una cuestión de supervivencia existencial, la única forma de garantizar que el país no deje de existir. Un argumento que, en el caso iraní, se cruza con el delicado equilibrio de los «acuerdos de papel» entre Washington y Teherán.
Una coalición de lobos solitarios
Sin embargo, el relato externo de la guerra de la información (si Hamas miente, si hay civiles muertos, si hay comida en Gaza) contrasta con una realidad interna en Israel cada vez más fracturada. Y esto es crucial para entender el momento actual. El gobierno de Netanyahu se sostiene sobre una alianza extremadamente frágil y tensa con los sectores más radicales de la extrema derecha. Ministros como Itamar Ben-Gvir (Seguridad Nacional) y Bezalel Smotrich (Finanzas) actúan muchas veces como lobos solitarios, tensando la cuerda y compitiendo por ver quién puede sostener el discurso más radicalizado, sin una aparente coordinación con el primer ministro.
Las voces judías en la calle
A este caos interno se le suma la presión en las calles. Mientras Netanyahu hablaba en una sala vacía en Nueva York, afuera, agrupaciones como Jewish Voice for Peace organizaban protestas multitudinarias, donde incluso la actriz Susan Sarandon terminó demorada por la policía. Lo más significativo no fueron las celebridades, sino la presencia de judíos estadounidenses y expatriados israelíes con pancartas. Su mensaje era claro: las políticas actuales y las operaciones militares están destrozando la imagen de Israel ante el mundo, y la culpa no es del exterior, sino de la actual gestión gubernamental.
El prólogo de un cierre
Todo este desgaste confluye hacia una fecha clave: si no hay cambios, Israel deberá enfrentar un escenario electoral en el futuro cercano (los manifestantes apuestan al 27 de octubre, aunque esto depende de si el gobierno cae o agota su mandato legal). La oposición, liderada por figuras como Yair Lapid y Benny Gantz (ambos en veredas opuestas a Netanyahu), busca capitalizar el descontento, la fatiga de guerra y las causas de corrupción que aún persiguen al actual primer ministro.
Si los israelíes deciden acudir a las urnas buscando una alternativa al conflicto permanente y a la radicalización interna, las imágenes de la Asamblea General cobrarán un significado histórico. Quizás, ese eco vacío y esos abucheos hayan sido el prólogo del cierre de una de las eras más largas y controvertidas en la historia política del Medio Oriente.
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